El hombre nació cuando comenzó a dudar. Dios es el Enigma. El fin será la Verdad
Arriesgo a que me tilden de apologista cristiano (no creo que tenga algo de malo)
Conocemos la escena, ¿pero conocemos a los protagonistas? ¿Reconocemos al ser humano?. Veamos a los protagonistas de este drama cósmico: al traidor, al ladrón, al verdugo, al sacerdote, la madre, el discípulo, a la victima y a los victimarios. En fin, vemos al ser humano. Todo esta dispuesto para que se lleve a cavo un evento sacro protagonizado por el ser humano: la Redención. Tal como el ouroboros se devora a si mismo, Dios se entrega al sacrificio. Dios renueva su obra, ¿pero por que medio? ¿Por cuales serán los actores de esta obra magna?
Dios Padre, estará mudo, los clamores de su Hijo (Dios mismo, encarnado, humanizado) no serán respondidos. “Padre por que me has abandonado” es el lamento universalmente humano, el lamento de un Ser con suficiente inteligencia como para percibir su soledad y su inminente fatalidad.
El ateo humanista Feuerbach clama homo homini deus est, en su defensa del hombre sobre la supuesta proyección de los atributos de este en la divinidad inventada (Dios), una disociación que termina alejando al hombre del que debería ser el receptáculo de sus cuidados: el hombre.
Pero Feuerbach se equivoca, o mas bien acierta mas de lo que el cree y afirma una verdad que trasciende el propio humanismo materialista que el propaga. Sin duda la cita latina tiene razón,El Hombre es el Dios del hombre. Y el cristiano no debería sorprenderle por que sabe que Jesús no deja en ningún momento de ser hombre por mientras se realiza la redención. Es mas, es propiamente por sus características humanas las que la Redención es una Pasión. Ni Jehovah ni Ala abrían podido sufrir la Pasión: ellos son “Dios” justamente por estar sobre la condición humana, sobre lo creado: la materia, la vida, creaciones imperfectas del omnipotente dios semita. Jesucristo no es el ser “elevado” sobre el dolor, la agonía vibra y se proyecta por su cuerpo herido, sus nervios y tendones están contraídos, su carne esta mancillada por los golpes y punciones. Dios es un hombre humillado y agónico, entronado en una cruz y coronado con espinas.
Para que la obra redentora se realice se necesita de todos los elementos que nos cuentan los Evangelios, nada sobra, y nada deja de ser protagonizado por seres humanos. Desde Judas Iscariote hasta María, crueldad y piedad se conjugan de manera paradójica, tal como la cruz es herramienta de muerte y de vida, el hombre es defecto y virtud, victima y victimario.
En el evento cósmico de la Pasión, nos podemos encontrar, vernos a nosotros mismos. Ciertamente no somos en totalidad uno de los protagonistas, no se trate de ser avatares de ellos, si no que los protagonistas son facetas del Ser Humano. Podemos ser violentos, tal como es el legionario que “vive por la espada y muere por la espada”; podemos ser Pedro negando a nuestro Dios; podemos ser Judas traicionando por codicia; e incluso podemos ser Jesucristo, esto último nos recuerda las palabras de San Atanasio que decía “Que Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios”.
En resumen, encontramos, para aquellos que somos cristianos, en el escenario de la Pasión, y en los evangelios en general, aquellos modelos arquetípicos que podemos asumir como seres humanos y entre ellos esta aquel que nos lleva a la santidad, el ejemplo de amor absoluto, de la entrega, del ágape. Jesucristo, ese pan de vida, no nos invita a ser entidades dedicadas al culto pasivo, si no a la obra, al perfeccionamiento, a la unión con Dios y con la creación en un ágape. Pero conste, no se trata de unirse con un Jehova ni de Ala, las acciones humanas, siendo obradas por lo creado, nunca lograran encontrarse con la perfección increada.
